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Compañeros de Viaje

viernes, 23 de septiembre de 2011

Un Día Importante En La Vida

     Muchos no sabemos cuál es ese día, ese día en el que sucede algo muy grande, tan grande que le da un giro a nuestras vidas y determina nuestro futuro de una manera muy significativa, pero en toda vida hay uno, en ocasiones hay dos o más, los hay buenos y malos. Yo hablare específicamente del día que a mí me cambio la vida radicalmente y de alguna manera me ha llevado a ser lo que soy ahora.

     Pero antes de llegar a ese día demos un pequeño preludio, de que fue lo que me llevo a ese día y como llegue preparado. Desde pequeño siempre tuve un sueño, un deseo, era el de entrar al Heroico Colegio Militar, no sé porque o de donde me nació la idea, pero en las clases de historia me encantaba leer sobre los niños héroes, me emocionaba, cada que escuchaba el himno nacional se me ponía la piel chinita, me molestaba de sobremanera que le faltaran al respeto a la bandera nacional (aun me pasa), ya desde entonces creía en lo noble que es el acto de entregar la vida por alguien más o por un bien común (aún sigo creyéndolo).

     Mientras estaba en la primaria se me hacía eterno el tiempo para tener la edad suficiente para ingresar al Ejército. Para entrar al Hco. Colegio Militar requería la preparatoria terminada y 18 años de edad, eso me desilusionaba y desesperaba un poco, cuando estaba en 2do. grado de secundaria llego a mí la información de la Heroica Escuela Naval Militar (Mi Alma Mater), en mi vida nunca había navegado, ni había visto un buque de guerra de la Armada o siquiera había visto como era el uniforme que usaban, esto debido a que yo soy originario de un pueblito cerca de Aguascalientes y no se veían marinos por esos rumbos, pero me entusiasmaba la idea de volverme militar, aunque fuera en el mar. Para ingresar a la Hca. Escuela Naval solo requería la secundaria terminada y ser mayor de 15 años, con el paso de los años me di cuenta que mi decisión mal informada y apresurada seria la correcta por muchísimos factores.

     Batalle mucho para poder entrar, académicamente no, ni por una mala condición física, mi problema era el peso, sin embargo pude superar ese obstáculo y se llegó el día en cuestión. El día de mi ingreso a la Heroica Escuela Naval Militar como cadete.

     Fue el 3 de Agosto de 1998, mis papas me acompañaron hasta Veracruz, Ver. para entregarme a la Armada y dejarme en la escuela, recuerdo que ese día hacía mucho calor, hubo una ceremonia y toda la cosa, muchos se desmayaron por el sol que hacía y que no habían comido nada, todo muy bonito fuera de eso, durante el protocolo había una parte en que se rompían las filas para que nos despidiéramos de los familiares que nos acompañaban, todo esto mientras la banda de guerra de la escuela efectuaba el toque de Diana Antigua* como símbolo del inicio de nuestras vidas en la Marina. Cuando llego con mis papas veo a mi papa con los ojos rojos, me conmovió muchísimo verlo así, mi mama ni se diga, nos abrazamos, me dieron la bendición, que por cierto aún les sigo pidiendo cuando los voy a visitar y me despido, los volví a abrazar, les di un beso en la mejilla a cada uno y así, sin más regrese a mi lugar en la formación, mis papas se fueron y comenzó mi nueva aventura.

     Ese día fue muy extraño, cansado, ajetreado, novedoso, etc., de arriba para abajo, nos llevaron a la peluquería para realizarnos el respectivo corte de cabello, entregar documentación, asignación de dormitorio, litera y mil cosas más, recuerdo bien que me regañaron mucho (y un poco mas) los cadetes más antiguos por mi bigote de puberto que no me rasure un día antes en complacencia a mi mama J ya que no me quería ver por última vez sin mi bigote ridículo. Porque son así las mamas? Jajaja

     El día se fue rapidísimo, llego la noche y antes de ordenarnos ir a dormir, a la brigada a la que me habían asignado nos formaron en el centro del dormitorio, en la posición de firmes, con la mirada al techo, literal, para que uno de los cadetes antiguos nos diera el discurso de bienvenida. En él nos decía que nos olvidáramos de nuestros padres, que ahí solo tendríamos el apoyo de nuestros compañeros de generación que a partir de ese día serian nuestros hermanos, ya que sudaríamos y lloraríamos juntos. Que si estábamos ahí era porque lo merecíamos, porque podíamos ser capaces de salir adelante, pero que si ya habíamos ganado el derecho para entrar, debíamos ganarnos el derecho para permanecer y así otras cosas por el estilo.

     Mientras esto pasaba me di cuenta que mi vida ya no sería la misma, como decimos comúnmente “Me cayó el 20” de lo que acababa de hacer: “Dejar a mi familia para siempre y seguir mi propio camino”, me dio pánico, pensé que mis papas aún estaban en Veracruz, saldrían al día siguiente, que aún estaba a tiempo de echar todo para atrás y regresar a mi cómoda casita con ellos y mis hermanos, pero no lo hice, guarde la compostura, me mantuve firme en mi decisión recordando que estaba viviendo mi sueño, que por muy difícil que fuera y lo que tuviera que dejar yo no me rendiría.

     Tenía 16 años cuando tome la decisión más importante en mi vida, al menos hasta el momento, ya que gracias a ella soy lo que soy actualmente, gracias a ella conocí, conozco y conoceré a la gente que ha estado, está y estará en mi vida, por eso es que lo considero uno de mis días más importantes.

*Toque que realiza la banda de guerra al despuntar el alba, este toque indica el inicio de las actividades y el fin del descanso, tiene una duración aproximada de 5mins y medio.